ecao : corre

Semana: 26 Feb-4 Mar

Por Victor M. Varela
Sabado/AM: 3h (15 millas)
Domingo-Martes: paranoico
Miercoles/AM: 6 millas (46')
Miercoles/PM: yoga (1h30')
Jueves/AM: 6 millas (47')
Viernes: descanso


Carmen jugo un torneo alevin el Lunes en Bailen, se lo pasó en grande y terminó "agotada"


Este fin de semana, coincidiendo con el cumpleaños de Silvia, quisimos pasarlo en la playa. Me encanta volver a la casa de mis padres en Matalascañas. Está llena de recuerdos, de la niñez y de María. Llegamos el Viernes de noche. Tuvimos que cenar en el centro del pueblo porque todo estaba cerrado en Cañoguerrero.

A la mañana siguiente me calcé las chanclas, cogí la mochila, un par de plátanos y un bidón de agua y con el amanecer salí hacia El Rocío. Pero al cabo de una hora tuve que dar media vuelta, el arcén estaba en malas condiciones y me había hecho daño en la planta del pie derecho con una piedra (¡como pensar en los 101 de Ronda!). Tras 40 minutos de caminata, y ya con la carretera más nueva, pude empezar a trotar de nuevo. En menos de dos horas ya estaba de regreso en Matalascañas, así que, para hacer tiempo, regresé por el centro del pueblo, una ruta muy cuesteada. Después bajé a la orilla y me dí un baño helado en el agua del mar ¡que gozada!. Cumpliendo el horario previsto, tres horas después de salir, estaba de vuelta, fresco y muy animado.

Y nos fuímos a la playa toda la tropa. Yo ya no me bañé mas, pero la temperatura era suave y las niñas (sobre todo Carmen) sí lo hicieron. El sol brilló con fuerza todo el día. Tanto, que las cremas no consiguieron impedir que mis Milanas, con la piel menos curtida, se quemaran ligeramente. La arena escasa pero limpia era agradable y no había demasiada gente a pesar de ser puente por el Día de Andalucía. Estabamos tan a gusto que quisimos almorzar en el paseo marítimo para no apartarnos del mar. Me comí una ensalada (tamaño familiar) y un generoso plato de pimientos fritos, pero no conseguí saciarme y me tomé una ración de tarta de piñones (de postre).

Sufrí un ataque inmediato de pánico. Quise restarle importancia, pero no podía apartar el sentimiento de culpa de mi mente, sentía que había perdido el control, y el miedo me produjo ansiedad, y la ansiedad más hambre, y no paré de “picotear” frutos secos, galletas, ..., a todas horas, mas sentimiento de culpa y más preocupación ... Y al día siguiente, con la voluntad dañada, ya no salí a correr, lo que no hizo más que empeorar la situación... y el Martes por la mañana me pesé y descubrí que había ganado dos kilos, y tampoco salí a correr. Y todo eso me provocó aún mas preocupación, mas ansiedad, mas hambre... no sabía como parar.... estaba angustiado y no sabía como salir... El primer pánico estaba justificado, todos estos años había alimentado una sensación falsa de autocontrol, un equilibrio que podía romperse en cualquier instante... aquel trozo de pastel fué como kriptonita para mi fuerza de voluntad.

Algunas veces las preocupaciones vienen con el único objetivo de enseñarte a superarlas, para hacerte más fuerte. Es fácil destruir lo que la propia mente ha generado, cada día es un día nuevo, empiezas de cero y todo es perfecto, solo tienes que evitar tomar la primera decisión errónea. Tan solo la primera. Hoy ya he recuperado la serenidad, el Miércoles y el Jueves salí a correr y el Dragón que ruge en mis tripas (y que tiene que ver mas con el miedo que con el hambre) vuelve a estar acorralado.

Todo esto me impidió disfrutar plenamente del resto del fin de semana, pero no voy a culparme. No quiero entrar de nuevo en ese ciclo. A pesar de todo, fué un fin de semana maravilloso, compartido en familia y que me ha brindado la oportunidad de derrotar de nuevo a mi enemigo.

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